Siempre sobre la tenue línea entre la genialidad y el sinsentido, las canciones de los Pixies fascinan por su indigesta mezcla de referencias artísticas y corrientes musicales. Y si en sus discos de estudio la banda bostoniana es una máquina imparable, en directo resulta ser una bestia salvaje al borde del delirio.

Lo anterior fue especialmente cierto en el setlist ejecutado este lunes, en el que interpretaron sus canciones más inclementes, crudas y desquiciantes de su catálogo.

La cita en el Teatro Metropólitan no solo comenzó puntual a las 9:00 de la noche, sino que además fue precedida por la proyección de un genial documental sobre el arte visual del grupo —obra del reconocido fotógrafo Simon Larbalestier—, el cual abarcó su primera etapa (Come On Pilgrim y Surfer Rosa) y fue musicalizado minimalista y magistralmente por Joey Santiago.

La extraña e improbable amalgama de referencias bíblicas, sexo, extraterrestres y humor negro, cobró sentido una vez más frente los ojos de los ahí presentes. Nos acordamos por enésima vez que para los Pixies no existen las baladas tradicionales. Tampoco las canciones azotadas y autocompasivas. Menos aún los discursos forzados entre canciones. Uno no puede ir a verlos y esperar a que ocurran los clichés de los conciertos típicos. Los tipos van a lo que van: a ametrallarnos sin piedad con ráfagas de sonido que rozan la pureza del rock and roll y el punk más auténticos.

También, durante todo el concierto, la propuesta visual Pixie fue revalorada de forma generosa a través de las pantallas gigantes que pendían sobre el escenario. Pareciera que los booklets de los álbumes cobraban vida en cada canción.

Tanto Come On Pilgrim como Surfer Rosa fueron interpretados en su totalidad y en orden (la gira conmemora tres décadas desde su publicación), y en medio de ambos sonaron rarezas como “Build High” y la genial “In Heaven”.

Pero luego de eso vino el coitus interruptusun encore de apenas tres canciones y no más. Prendan las luces y vámonos. La gran mayoría, ilusos, pensamos que el cuarteto volvería con toda la artillería del Doolittle, Bossanova y Trompe Le Monde, pero nos quedamos solo con las ganas, como adolescentes lujuriosos.

¿Dónde quedó “Debaser”, “Hey”, “Monkey Gone To Heaven”, “Here Comes Your Man”, “Velouria”, “Gouge Away”, “Allison”, “Dig For Fire”, “La La Love You”, “Havalina” y básicamente toda su obra posterior a Surfer Rosa? No es que esperáramos que sonaran todas, pero sí fue muy extraño que estuvieran ausentes tantas. Lo único que rescataron de tal periodo fue “Tame” y “Um Chagga Lagga”, quizá por su compatibilidad con el sonido cavernícola del resto del set.

El contraste fue especialmente doloroso comparado con el antológico setlist de 38 canciones presentado el sábado en el Zócalo capitalino. Hubo una diferencia criminal.

Tras una hora y veinte minutos de música, para las 11 de la noche muchos ya estaban en sus camitas, listos para reponerse de una desvelada rocanrolera prohibitiva en lunes. Pero nuestros cuerpos quizá pudieron aguantar un poco más.

Setlist:

Caribou
Vamos
Isla de Encanta
Ed Is Dead
The Holiday Song
Nimrod’s Son
I’ve Been Tired
Levitate Me
Down to the Well
Build High
Rock a My Soul
Dancing the Manta Ray
In Heaven (Lady in the Radiator Song)
Bone Machine
Break My Body
Something Against You
Broken Face
Gigantic
River Euphrates
Where Is My Mind?
Cactus
Tony’s Theme
Oh My Golly!
Vamos
I’m Amazed
Brick Is Red

Encore:

U-Mass
Um Chagga Lagga
Tame