De niñas a madres: dos sismos, una historia de amor

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El 19 de septiembre de 1985 y 2017 son dos fechas que quedaron marcadas en la memoria colectiva de la Ciudad de México.

Maternidad entre escombros y esperanza: Mujeres que vivieron los sismos de 1985 y 2017 en la CDMX

En 1985 y en 2017, la tierra se estremeció con fuerza, dejando tras de sí edificios derrumbados, familias con el corazón roto y una ciudad que, aun en la tragedia, mostró una capacidad infinita de solidaridad y amor.

Hay un sin fin de historias qué contar, pero en esta ocasión nos abre la mente una generación de mujeres para quienes esta fecha tiene un significado aún más profundo: aquellas que eran niñas o bebés en el sismo de 1985 y que, en 2017, ya vivían la maternidad.

"Mujeres que pasaron de ser protegidas a ser protectoras".

De niña a madre: dos formas de vivir los sismos de 1985 y 2017

En 1985 eran pequeñas. Algunas apenas gateaban entre juguetes, otras se escondieron bajo pupitres en escuelas derrumbadas o abrazaron a sus madres en medio del caos. Recuerdan el miedo, los gritos, el desconcierto de una ciudad que parecía caerse a pedazos.

Foto cortesía: Jesús Villaseca / Sismo 1985

Tres décadas después, en 2017, esas mismas niñas ya eran madres. El miedo fue el mismo, pero la perspectiva cambió: ya no se trataba solo de sobrevivir, sino de proteger a sus hijos. Ahora ellas eran las que abrazaban, las que corrían a resguardar a los pequeños, las que tuvieron que aparentar calma frente a unos ojos infantiles que preguntaban qué estaba pasando.

“Cuando tiembla y eres niña, lo único que quieres es a tu mamá. Cuando tiembla y eres mamá, lo único que quieres es que tus hijos estén bien”, cuenta Claudia, que en 1985 tenía 6 años y en 2017 sostuvo fuerte a su hijo de 3 años mientras el edificio donde vivía se sacudía.

Datos que duelen, datos que sostienen

1985

  • Sismo de 1985 (CDMX y estados vecinos)
  • Magnitud: 8.1
  • Personas fallecidas: entre 10,000 y 30,000 (estimaciones oficiales y no oficiales).
  • Más de 100,000 personas perdieron su hogar.
  • Se calcula que alrededor del 30% de las víctimas fueron mujeres y niños.

2017

  • Sismo de 2017 (Morelos, Puebla, CDMX)
  • Magnitud: 7.1
  • Personas fallecidas: 369, de las cuales 228 en la Ciudad de México.
  • De ese total, 138 fueron mujeres (60%): 122 eran adultas, 16 eran niñas.
  • Más de 38,000 viviendas dañadas.
  • Escuelas colapsadas: 212 en todo el país.

Foto: erlucho / Depositphotos / Sismo 2017

La maternidad en medio del desastre

La maternidad en tiempos de sismo se convierte en un instinto de supervivencia multiplicado.

Las mujeres que en 1985 aprendieron lo que era perder, temer y reconstruir, en 2017 ya sabían lo que significaba proteger.

Para muchas, ese cambio de rol fue un recordatorio de que la maternidad no se trata solo de dar vida, sino de preservarla, incluso en medio de los temblores más devastadores.

También fueron madres quienes encabezaron brigadas de rescate, quienes organizaron centros de acopio, quienes cargaron víveres en brazos junto con sus hijos.

La maternidad se extendió de lo individual a lo colectivo: cuidar a los propios se transformó en cuidar a todos.

Ayuda humanitaria y resiliencia

Tras ambas tragedias, la respuesta ciudadana fue inmediata y conmovedora. En 1985, el Estado fue rebasado y los vecinos se organizaron con palas y cascos improvisados.

En 2017, a pesar de la tecnología y protocolos más avanzados, el espíritu fue el mismo: manos anónimas que buscaban salvar vidas.

En ese contexto, muchas madres relatan cómo el impulso de ayudar a otros niños era tan fuerte como el de proteger a los suyos.

“Yo veía a los niños atrapados y pensaba: podrían ser los míos”, dice Laura, madre en 2017 que también fue rescatada en 1985 cuando tenía apenas 2 años.

Una generación que sabe abrazar fuerte

Las mujeres que crecieron con la memoria del 85 y enfrentaron el 2017 como madres son parte de una generación marcada por la pérdida y la resiliencia.

Ellas nos recuerdan que en cada abrazo durante un temblor hay dos historias: la de una niña que una vez buscó consuelo, y la de una madre que hoy lo brinda.

Hoy contamos una parte de la historia que se suman a muchas más de hombres y mujeres que en medio de la tragedia unieron sus corazones para salir adelante.

Que no sea una fecha más, que no se pase sin recordar que unidos siempre somos mejores, que el amor y la humanidad es un sello característico de los mexicanos.

*Fuentes: UNAM, Excélsior, El Universal, El País, Datos oficiales del Gobierno de México.

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